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lunes, 31 de agosto de 2015

La forma de ser del aficionado sevillista.

La vieja Híspalis es una ciudad donde la ilusión surge en un abrir y cerrar de ojo, el hispalense no necesita tener casi nada para concebir grandes sueños, aunque, por el contrario, cae de manera fácil en la desilusión, no precisa de muchos acontecimientos para convertir lo blanco en negro. No se caracteriza por ser prudente o cauteloso, estos valores parecen que se borraron del ideal del sevillano. En Sevilla o todo está bien o todo está mal, o es de día y la luminosidad se apodera del paisaje, o es de noche y la oscuridad se adueña del espacio. En definitiva, el término medio y saber esperar no va con la gente de este trocito de Andalucía.
 
En Nervión, se pintan los asientos y las gradas, se colocan cuatro mensajes, unos telones mostrando nuestra grandeza y pasamos de una casa en ruina a tener el mejor palacio jamás edificado. Si bien, las estructuras son las mismas, nada más se ha modificado pero nuestro carácter apasionado no permite que esperemos al final para poder obtener las conclusiones y disfrutar con la obra concluida.  Teniendo como consecuencia que la imagen ideal creada se desvanezca cuando entras y te das cuenta que prácticamente la vida sigue igual, el interior no ha cambiado, los servicios están inundados y las barras siguen siendo tercermundistas.
 
Con la plantilla y el cuerpo técnico actuamos de forma idéntica, pasamos del ridiculo y del derrotismo al optimismo en nada de tiempo, el ejemplo más claro, fue la final de la Supercopa de Europa. En el descanso, éramos unos peleles en manos de unos hombres. Al final de los noventa minutos, David casi vuelve a vencer a Goliat por la aportación de los nuevos, la casta y el coraje. Al concluir la prorroga, quedamos contentos y nos congratulábamos de los piropos que el mundo entero del fútbol nos dedicaba. Sin embargo, nadie analizó con prudencia la situación, olvidando en aquel momento las carencias del conjunto. Hoy te das cuenta que el FC. Barcelona, a continuación, solo ha hecho tres goles en cuatro partidos, mientras a nosotros nos hizo cuatro en una parte. El tiempo nos dice que no debíamos esperar a la segunda jornada para darnos cuenta que no tenemos bloque, como dijo Unai Émery anoche.
 
Ayer al principio en el ambiente se notaba alegría, ambición y ansia por iniciar un nuevo camino llenos de triunfos, durante el juego la situación cambio, el rival también tiene sus virtudes ganando una batalla en la que nunca fuimos superiores. Este resultado nos transformó lo positivo en negativo, recuperando de nuestro armario el traje de frustrado que nos acompañará hasta el próximo triunfo y cambie el panorama. En esta tierra somos de esta forma, aquí pasamos del aplauso al pitido o de héroe a villano en un segundo es nuestra idiosincrasia que marca la vida de esta región.
 
Para finalizar, solo me queda por decir, que ni tan buenos ni tan malos, esperemos al final para hacer los juicios y no perdamos las esperanzas antes de tiempo porque aun quedan bastantes partidos. No es justo pretender un día sacar "bajo palio" a Monchi o Unai y al siguiente crucificarlos. Seamos sensatos y realistas nada se gana y se pierde en la segunda jornada, esperemos el discurrir de la temporada para comprobar si la labor realizada ha sido correcta. Esto no es cuestión de tapar bocas, sino de opinar con razón y fundamento, nunca movido por la indiferencia hacia la entidad o las personas.