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jueves, 28 de agosto de 2014

Ordenando la mochila.

Como decía la canción del Dúo Dinámico el final del verano llegó, además, este año hemos vuelto a recordar la serie verano azul, la crisis obliga a retrotraernos a la televisión en blanco y negro, sintiéndonos por un tiempo otra vez niño. Reviviendo las travesuras de Tito y Piraña, comprobando que en nuestra infancia las bicicletas no eran de montaña ni llevábamos cascos o recordando el primer amor de verano junto a Javi, Pancho y Bea. En los kioscos de Miguel y Antonio o el azul y el verde como decíamos hace décadas las estampas de futbol vuelven a tomar protagonismos como cada final de agosto, la liga ya ha completado su primera jornada y la Ermita Castillo del Valle espera la vuelta de la Virgen para en el silencio de su casa aguardar que vuelva julio y recobrar la importancia que se merece por parte de sus hijos.

Estos acontecimientos son señales inequívocas que septiembre está comenzando a apoderarse del calendario que las vacaciones están agonizando y debemos buscar la mochila para comenzar otro curso más. Es el momento de llenar las alforjas con los valores y objetos necesarios para iniciar un nuevo año de trabajo, teniendo en cuenta las experiencias de los anteriores, dejando fuera aquello que haya supuesto un lastre. Hay que volver con las pilas bien cargadas para dar respuestas a los alumnos, porque, su futuro depende fundamentalmente del comportamiento y la forma de actuar que asumamos en nuestra labor diaria. Somos, en definitiva, parte importante en su formación, vamos moldeando su personalidad e influimos de manera transcendental en las decisiones que tomarán en los próximos años.

Pasado dos meses recupero el bolso  que tanto tiempo lleva conmigo, ese amigo inseparable durante los diez restantes, que en los momentos de vacaciones dejo olvidado en un armario como si le tocara pagar alguna deuda. Es el momento de recobrar la libertad para volver a recorrer el camino que siendo el mismo que diferente es cada curso. Debido a esta circunstancia cada año al guardarlo lo vacío para no caer en el error de seguir procediendo siempre de la misma manera, evitando caer en la monotonía y desidia principales males que acechan la profesión que desempeñamos.

En primer lugar, guardaré en uno de los compartimentos amor para tratar a los estudiantes con cariño e intentar por todos los medios ser grato en el trato diario. En el siguiente, añadiré perseverancia y constancia para conseguir una dedicación plena en el cumplimiento de mis tareas. También, colocaré una buena cantidad de tolerancia y firmeza para tener capacidad de reflexión que me ayude a ser justo en los acuerdos que se tomen en el aula. En otro, un poco de imaginación e iniciativa para que no falte la creatividad en el grupo. En el último, agregaré implicación e ideas nuevas con el único fin de conseguir  motivar a los alumnos.
 
Pienso que lo imprescindible está ocupando su sitio en la mochila ya solo falta lo secundario los libros, el lápiz, los bolígrafos, la calculadora y el ordenador para concluir con los preparativos de un nuevo proyecto educativo.