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miércoles, 13 de enero de 2016

Y Pepe Mel no pecó de ignorante.

Un partido de la máxima rivalidad en Sevilla siempre era igualado, hecho que lo hacía diferente al de cualquier otra ciudad de España. Madrid, Barcelona y Valencia son tres situaciones idénticas donde existen esa disputa entre equipos que comparten el mismo espacio, si contamos los seguidores de uno y otro bando la diferencia es grande y la balanza se decanta hacía uno de los lados de forma clara, así, como en lo deportivo donde el palmarés del poderoso no se puede comparar con el del pobre. En este rincón de Andalucía, en cuatro décadas, nunca había contemplado esa diferencia futbolística entre los vecinos, como sucede en los últimos cuatro años. Ayer la derrota fue más en la grada que en el terreno de juego. El seguidor bético fue puesto por los suyos delante de un muro para sufrir una lapidación por parte de una afición que de forma correcta, sin señal de desprecio, aunque no faltó la guasa sevillana, le devolvió todos los golpes bajos que les propinó su consejo de administración en los derbis pasados.
La derrota de ayer no fue para mí la más humillante en lo deportivo, ese honor se lo otorgo a la remontada en la Europa League. En ese combate, los béticos vestían sus trajes de galas para celebrar una victoria que según ellos les pertenecía después del resultado de la ida en Nervión. En ese instante la fiel infantería bética pensaba en disfrutar de un triunfo épico para guardar en sus vitrinas donde las copas se echan de menos. En esa batalla primó el fútbol por encima del espectáculo en la tribuna, la pelota fue la protagonista durante la disputa de los noventa minutos y los cánticos consistían en mensajes de aliento a sus gladiadores sin hacer alusión al contrario en forma de ocurrencia ingeniosa donde se ponía en evidencia las debilidades del enemigo. Por lo tanto, el guión de ayer donde la ironía del Gol Norte inundo un estadio y los chascarrillos superaban en bastantes situaciones a lo sucedido en el césped, sirvió para señalar como perdedora por encima del equipo a los incondicionales de Heliópolis.
Sin embargo, he de reconocer que en el bando verdiblanco no todos perdieron, también hubo un ganador y ese tiene nombre y apellidos "Pepe Mel" El idolatrado por los suyos y manteado hace poco más de siete meses se bajó del carro en el momento justo. El pasado sábado realizó la rueda de prensa ideal para ser destituido y no sufrir en sus carnes una derrota vergonzosa. Se ha tirado del barco el primero y siempre tendrá la excusa que lo echaron con cinco puntos de ventajas sobre el descenso y no salió derrotado en esta dura eliminatoria. En consecuencia, lo consejeros y el Sr. Macias cayó de nuevo en la trampa del "mentiroso", ellos fueron quienes lo libraron de ser el principal protagonista de esta nueva capitulación a favor del sevillismo. Por lo tanto, tengo claro quién no pecó de ignorante y salió victorioso de la debacle verde en la oscuridad de Nervión.