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lunes, 4 de enero de 2016

El 4-4-2. La perfección de hace una década.

Desde mi infancia recuerdo diferentes esquemas tácticos dibujados o plasmados en un terreno de juego y no sé si es virtud o defecto pero, siempre, lo asocio a distintos entrenadores que consiguieron llevarlo al máximo grado de perfección o alcanzaron el éxito con estos planteamientos. El 4-3-3 me hace mirar al norte porque Ormaetxea y Clemente con el juego por los extremos consiguieron cuatro títulos de liga para San Sebastián y Bilbao. El 5-3-2 de Toshack con el Madrid, de los record, de final de los ochentas y principio de los 90 con la puesta en práctica de los dos carrileros. El 3-4-3 de Cruyff con la primera etapa dorada del FC. Barcelona y su Copa de Europa. Dejando para el final el 4-4-2 sevillano y sevillista, hablar de este sistema es retroceder una década en el tiempo y recuperar fotogramas en mi memoria de un Nervión extasiado de fútbol, porque, fue en este barrio donde Juande Ramos encontró todos los aditamentos para convertir este boceto de la pizarra en cuadro de pintor caro en el verde tapete del Sánchez Pizjuán.

Fueron muchas horas de curso intensivo el vivido en esa vieja grada, de aquella tribuna alta de fondo, en tardes donde el sol futbolístico no se ponía nunca. Aprendí todas las variantes de este sistema y entendí que para llevarlo a cabo eran necesarias ciertas piezas que ya no están en el tablero de ajedrez donde hoy trabaja Unai Émery. Por esa instrucción recibida me permito la osadía de explicarle los motivos que le llevan al fracaso cada vez que intenta ganar una disputa con este croquis. Para comenzar le hago saber que usted en sus filas no cuenta con dos peloteros de las características de Renato y Kanoutte, piezas fundamentales para lograr los resultados obtenidos por el técnico de Pedro Muñoz. Se necesita un mediocentro de contención que sea rápido, presto al cruce y capaz de hacer las coberturas y al lado un jugador que haga una transición eficaz con buen manejo del balón, no pierda el sitio y este dotado de un buen físico. Además, de un delantero que controle y baje el balón al suelo, siendo capaz de jugarlo con sentido a las bandas o al otro punta y no sea, únicamente, una pared donde rebotan los balones.
 
En la actualidad la plantilla del Sevilla FC. cuenta con Banega en el centro del campo que no puede realizar esa misión porque su recorrido es corto y no puede guardar las espaldas como hacía el jugador brasileño o Iborra que no está preparado técnicamente para distribuir el juego y entonces nos limitamos al pelotazo desde la defensa. Arriba Llorente se encarga de saltar con los defensas y golpear el esférico sin sentido, no reteniéndolo ni prolongando de forma eficaz dando ventaja al otro punta. También otro error es la distancia entre las líneas, este plan requiere que el equipo este juntito para no hacerlo largo porque no hay un nexo entre la defensa, la media y la delantera. Es fundamental centrales veloces que corran hacia detrás porque la retaguardia juega adelantada y evitar los balones a la espalda. Escude y Javi Navarro cumplían perfectamente esa función e incluso, David, no subía, dejando este cometido a Alves que recorría la banda con gran velocidad y recuperaba fácilmente la situación defensiva. Por lo tanto, siempre había cinco puntales para defender cualquier jugada del contrario.
 
Ayer, en Granada, ninguna de estas directrices se verificaron y el fracaso estaba asegurado. Hace dos temporadas e incluso la pasada, si era posible con M´Bia y Bacca ambos cumplían la mayoría de los requisitos para asociar este sistema con el resultado óptimo. Por el contrario, con la plantilla que cuenta en estos momentos utilizar un 4-4-2 es sinónimo de derrota y esto debe ser tenido en cuenta por usted que es el profesional. Por lo tanto, no conviene volver a repetirlo, dejando al sevillismo con el buen sabor de boca del pasado y no nos haga maldecir este sistema que tantos títulos nos dio.