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lunes, 15 de junio de 2015

Sevillismo por encima de dinero.

Hemos vivido días de incertidumbre, debido a cierto Herodes clandestino refugiado en su cargo de presidente o representante de futbolista que ha intentado persuadir o convencer a nuestro niño de Utrera para dejar huérfana a la parroquia de Nervión de las noches de Reyes. La consumación de este hecho hubiera sido injusto, el Sánchez Pizjuán necesita a uno de los suyos criado bajo las directrices marcadas por Kinke, Spencer y Brand iniciadores de la escuela sevillana con aquella "línea del miedo", porque en este barrio sevillano la vida trascurre de forma muy especial, el fútbol no es un deporte, es arte y filigrana, en la tierra de María no se enseña a los chiquillos a jugar al balón, se nace con ese don o cualidad.
 
La Sevilla futbolística, donde el rojo y el blanco predominan, seguiremos sin tener que esperar a enero para vivir una noche mágica de Reyes. Este alquimista del balón tiene la virtud de ilusionar a niños y mayores, cualquier día del año, porque es capaz de cambiar la vulgaridad por perfección, la fealdad por belleza o la debilidad por fortaleza para que los sueños se cumplan y la alegría inunde las gradas de nuestro viejo estadio. Aunque eso no quita el miedo de recibir carbón como regalo en algún momento, ya que todas las noches no pueden ser especial para poder diferenciar lo excepcional de lo ordinario.
 
En consecuencia cada jornada, cuando acuda a nuestro santuario, continuaré sintiéndome un niño soñando que esa sea la noche de Reyes y pueda disfrutar de un espectáculo digno del lugar donde nos encontramos, el mejor escenario posible donde las ficciones recobran vida y acaban cumpliéndose. Al finalizar la batalla, el niño, se sentirá extaciado de gozo porque de nuevo David ha vuelto a derrotar a Goliat con la alquimia de tu futbol y  saldrá por las calles aledañas emulando tus regates o dibujando las líneas de tus pases en el suelo de Luís Montoto, Eduardo Dato o San Francisco Javier.   
 
Por último,  para despedirme, solo me queda darte las gracia por pensar con el corazón, ese que debe llevar un escudo del Sevilla en cada aurícula o ventrículo, que bombea sentimiento sevillista hasta el cerebro para acabar  engatusándolo con títulos en lugar de dinero.