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martes, 16 de octubre de 2018

Los últimos héroes del Nou Camp.

Sábado de fútbol, partido grande, primero contra segundo, el liderato en juego, en un torneo donde la igualdad desapareció hace tiempo y encontrar un duelo con tanto en disputa sin estar presente uno de los dos mastodontes del fútbol patrio es inusual. Siempre ha resultado complicado vencer en el territorio de los grandes pero no imposible. Sin embargo, en la actualidad visitar Barcelona es sinónimo de derrota. Este presente nada tiene que ver con los años de mi juventud, cuando la fe en una victoria siempre cortejaba el pensamiento del sevillista en los días previos al litigio y en tres lustro alcanzamos cuatro veces la gloria del triunfo.

Estas son las causas que jugadores como Moisés, Polster, Suker y Toedtli se hayan perpetuado en mi memoria. Todos ellos contribuyeron de una u otra forma a conseguir la conquista del preciado botín en tierras catalanas que en épocas de sequía eran celebrados a lo grande como si de títulos se trataran. Los niños de hoy han disfrutado de la conquista de nueve copas pero no han saboreado una victoria en el Nou Camp.

Vivimos en una sociedad muy distinta a la de hace treinta años, antes los partidos no se televisaban, se escuchaban por la radio y esperábamos hasta la noche para ver los resúmenes en Estudio Estadio, La mayoría de los recuerdos son sonidos de una vieja radio en tarde  de mesa camilla sintonizando Radio Sevilla e intentando imaginar la jugada narrada por la voz de José Antonio Sánchez Araujo. Aquellos éxitos tenían una gran dosis de sufrimiento porque cualquier ataque era peligroso por el énfasis que ponía el periodista desde que el balón atravesaba el mediocampo.

Corría la segunda jornada de la temporada 1987-1988, el equipo se presentaba en Barcelona después de perder con el eterno rival, la moral por los suelos, el técnico pendiendo de un hilo, el sevillismo alicaído. Diez minutos para el final del encuentro empate a un gol, el contrario atacando el Sevilla FC pasando apuro y es entonces cuando el sevillano barrio de La Candelaria se hace presente con la genialidad de Moisés Rodríguez, heredero de la vieja escuela sevillana, de regate fino. En la línea de fondo deja a tres contrarios, "cachita" incluida a Migueli, da el pase de la muerte y Cholo coloca el 1-2. Devolviendo la alegría a Nervión en momentos de escasez.

Vísperas de Nochevieja del año 89, el fútbol no paraba en Navidad, un austriaco y un chileno comandaban los designios del conjunto andaluz. Noche aciaga, el marcador señalaba un 3-1 en contra, un cuarto de hora para la conclusión, todo estaba perdido. Una jugada dudosa caída dentro del área y el árbitro señala penalti, la falta se cometió fuera. Un canario Brito Arceo encendía la mecha para la traca final, de ahí hasta la conclusión, remontada con los canteranos béticos Conte y Carvajal como protagonista secundarios. Feliz entrada de año 1990 que acabaría con la clasificación UEFA.

Hablar de Suker es rememorar tiempos donde el Sánchez Pizjuán se inundaban de pañuelos, fue el último torero, esa tradición se ha cambiado por el vuelo de bufandas en tardes de inspiración, personalmente, me gustaba las gradas pintadas de blanco. Un croata que dibujaba obras de arte por los terrenos de la vieja piel de toro. Es fácil cerrar los ojos y volver a ver el gol que supuso la gloria en tarde nublada, donde Busquets sufrió el azote de un grande que hizo gozar a una hinchada que soñaba con volver a Europa de la mano de Luís Aragonés.

Siglo nuevo y vida nueva, nuestra leyenda crecerá de forma exponencial asentada en los cimientos que construye un sevillista de Utrera, que se rodea de gladiadores para cambiar la mentalidad de un club y luchar por alcanzar cotas superiores. Entre aquellos guerreros, tiene su sitio un argentino de nombre Mariano y conocido futbolísticamente por Toedtli. Dos goles en diez minuto sentenciaba el encuentro y a Joan Gaspart, en noche fría donde comienza a consolidarse un mito para el sevillismo llamado Joaquín Caparrós.

Estos cuatros recuerdos evocan nostalgia de un tiempo pasado, donde ganar en Barcelona era posible. Aunque si soy sincero desempolvo estos recuerdos del baúl de la memoria porque sigo pensando que con todas las contradicciones que confluyen en este periodo de tiempo ganar es factible. Yo confío en los blancos y espero que ustedes lectores también creáis en ellos.