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lunes, 28 de julio de 2014

Preparación y trabajo como base del éxito.

“No hay secretos para el éxito. Este se alcanza preparándose, trabajando arduamente y aprendiendo del fracaso”. Colin Powel. 

En esta frase se recogen tres palabras fundamentales que no deben ser postergadas ni relegadas a un segundo plano por cualquier individuo que ambicione alcanzar o culminar en su vida algún proyecto con éxito.
En el ámbito de la educación y basándome en mi campo de estudio la química, expongo a los alumnos en mi aula una reflexión donde intento realizar un símil  entre la inteligencia y los catalizadores en un proceso químico. La función de un catalizador es la de aumentar la velocidad de la reacción para que transcurra en el menor tiempo posible y optimizar los recursos pero nunca influye en el resultado final, desde mi punto de vista, la inteligencia juega el mismo papel a la hora de alcanzar el éxito en el proceso de aprendizaje, ayuda a lograr los objetivos finales de forma más rápida, sin embargo, lo fundamental para que el alumno llegue a la consecución del fin propuesto es la preparación y el trabajo que se desarrolle a lo largo del curso.  
En secundaria, el equipo docente debe tener como prioridad que el estudiante adquiera un hábito de estudio, por encima de la acumulación de contenidos. Tenemos la misión de argumentar, motivar y convencer a los alumnos que el esfuerzo y la constancia en el trabajo es la única base sobre la que se debe cimentar la obtención del premio final. El profesor tiene el compromiso de fomentar y premiar la dedicación del estudiante, no mirar solo el resultado final de una actividad porque no es justo desmotivar a un alumno que está comprometido con sus obligaciones. El profesional de la educación no debe ser una piedra en el camino para los alumnos sino alguien que colabore con él para conseguir la meta propuesta.
Por último, nadie debe desfallecer después de un fracaso,. Las frustraciones deben servir como punto de apoyo para volver a coger impulso y seguir soñando con conquistar el botín final. No podemos rendirnos y arrojar por la borda las ilusiones que nos colman por un desliz.