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sábado, 27 de febrero de 2016

Moisés, Polster, Suker y Toedtli los últimos héroes en el Camp Nou.

Domingo de fútbol, partido grande, entre clásicos de la liga española. Campeonato adulterado, según palabras de José María García, en un torneo que ha perdido su encanto. Siempre ha sido difícil ganar en el campo de los grandes pero no imposible. Visitar Barcelona es sinónimo, en la actualidad, de derrota. Este tiempo presente nada tienen que ver con el pasado, cuando la fe en una victoria rondaba la mente de aquellos aficionados de las últimas décadas del siglo pasado y primer lustro del presente. Hay que retrotraerse hasta la etapa de Joaquín Caparros para encontrar en el baúl de los recuerdos un triunfo en el Camp Nou.


Estos son los motivos que jugadores como Moisés, Polster, Suker y Toedtli todavía permanezcan en mi memoria. Todos ellos contribuyeron a conseguir la conquista del preciado botín en tierras catalanas que en épocas de sequía de títulos eran celebrados a lo grande. Hay niños que han conocido la consecución de siete copas por parte del Sevilla FC y no saben lo que es ganar al FC. Barcelona en su fortín.


Vivimos en una sociedad muy distinta a la de hace treinta años, antes los partidos no se televisaban, se escuchaban por la radio y esperábamos hasta la noche para ver los reportajes en Estudio Estadio, muchos de los recuerdos son sonidos de una mesa de camilla en tarde de carrusel. Cuando nos imaginábamos una jugada narrada en la voz de José Antonio Sánchez Araujo. Aquellos éxitos tenían una gran dosis de sufrimiento, cualquier ataque era peligroso por el énfasis que ponía el periodista en cada jugada desde que la pelota atravesaba el mediocampo.


Corría la segunda jornada de la temporada 1987-1988, el equipo se presentaba en Barcelona después de perder con el eterno rival, la moral por los suelos, el técnico pendiendo de un hilo, el sevillismo alicaído. Diez minutos para el final del encuentro empate a un gol, el contrario atacando el Sevilla FC pasando apuro y es entonces cuando el sevillano barrio de La Candelaria se hace presente con las genialidades de Moisés Rodríguez, extremo de la escuela sevillana, de regate fino. En la línea de fondo deja a tres contrarios, cachita incluida a Migueli, da el pase de la muerte y Cholo coloca el 1-2. Devolviendo la alegría al barrio de Nervión en momentos de escasez.


Vísperas de Nochevieja del año 89, el fútbol no paraba en Navidad, un austriaco y un chileno comandaban los designios del conjunto andaluz. Noche aciaga, el marcador señalaba un 3-1 en contra, un cuarto de hora para la conclusión, todo estaba perdido. Una jugada dudosa caída dentro del área y el árbitro señala penalti, la falta se cometió fuera. Un canario Brito Arceo encendía la mecha para la traca final, de ahí al final, remontada con los canteranos béticos Conte y Carvajal. Feliz entrada de año 1990 que acabaría con la clasificación UEFA.


Hablar de Suker es rememorar tiempos donde el Sánchez Pizjuán se inundaban de pañuelos, fue el último torero, esa tradición se ha cambiado por el vuelo de bufandas en tardes de inspiración, personalmente, me gustaba las gradas pintadas de blanco. Un croata que dibujaba obras de arte por los terrenos de la vieja piel de toro. Es fácil cerrar los ojos y volver a ver el gol que supuso la gloria en tarde nublada, donde Busquets sufrió el azote de un grande que hizo feliz a una hinchada que soñaba con volver a Europa.


Siglo nuevo y vida nueva, nuestra historia crece de forma exponencial a los cimientos que crea un sevillista de Utrera, que se rodea de gladiadores para cambiar la mentalidad de un club y luchar por alcanzar cotas superiores. Entre aquellos guerreros, tiene su sitio un argentino de nombre Mariano y conocido futbolísticamente por Toedtli. Dos goles en diez minuto sentenciaba el encuentro y a Joan Gaspart, en noche fría donde la leyenda de un técnico se agrandaba a pasos agigantado.


Estos cuatro recuerdos evocan nostalgia de un tiempo pasado, donde ganar en Barcelona era posible. Aunque si soy sincero los saco a relucir porque sigo pensando que con todas las contradicciones ganar es factible. Yo confío en los de blanco y espero que ustedes lectores también creáis en ellos.