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sábado, 20 de diciembre de 2014

El año del reencuentro.

Han sido siete años de búsqueda, un tiempo que ha dado para mucho, pero igual que sucedió en 2006 llegaste cuando nadie te esperaba. A principio de temporada, desde el club se vendía una campaña de transición, de creación de un proyecto a tres años, donde el objetivo pasaba por conseguir una plaza que diera opción a jugar competición europea en la siguiente temporada. El camino se hizo largo, se quemaron muchas etapas, quedando para siempre en la memoria momentos inolvidables. La noche mágica de Heliópolis, donde los de verde intentaron coquetear con nuestra prometida, pero el amor eterno que nos juramos para siempre en Eindhoven no se fracturó y la fidelidad se mantuvo intacta o el 1 de mayo cuando M´Bia, en el minuto final, de un certero cabezazo, transformó la pesadilla en el más grande de los sueños, robando la alegría y la ilusión a la la afición valencianista para entregársela a la sevillista.
 
Han transcurrido siete meses de aquel 14 de mayo cuando iniciamos el viaje a Turín, al corazón de los Alpes italianos, en busca de nuestra copa, aquella que conquistamos por primera vez en tierras holandesa y desde entonces se enamoró de Sevilla. Cada año sueña con volver de nuevo a surcar su río, a recorrer las calles empedradas de su casco antiguo, a mirar la Giralda desde sus pies, a postrarse delante de la Virgen de los Reyes, a saludar desde el balcón de la casa consistorial a la ciudad y a vivir en el barrio de Nervión escuchando cada domingo como una afición expresa sus sentimientos cantando el himno del Arrebato.
 
Recuerdo como brillabas en el estadio cuando los últimos rayos de sol se reflejaban en la epidermis metalizada que cubre tu cuerpo, allí postrada en tu pedestal, desprendías felicidad por ver las gradas teñida del  rojo y el blanco de una afición que no faltaba a su cita, Se producía el reencuentro con la novia que nos robó nuestro primer beso de amor, ese que nunca se olvida. Siempre, serás especial para nuestra generación porque fuiste la que cambiaste nuestras vidas. Nos enseñaste la diferencia entre el éxito y el fracaso, entre ser grande y pequeño o  entre la gloria y el infierno.
 
Después de ciento veinte minutos y una tanda de penaltis, donde un portugués se hizo grande parando las últimas acometidas y permitiendo que el tesoro más preciado volviera a las vitrinas del Pizjuán, llegó el momento más difícil cuando al abrazarte el rubio croata preguntaste por Antonio, tal vez, esperabas que fueran sus manos, las primeras que rozaran tu piel, tras más de un lustro de espera, tuvimos que explicarte que quién  nos guió con su zurda de diamante, en un jueves de feria, a la primera cita ya no se encuentra entre nosotros sino que emigró al Nervión celestial, donde ahora disfruta de los momentos de gloria junto al sevillismo eterno del tercer anillo.
 
Para finalizar pedir que la historia se repita y en Varsovia ganemos otra Europa League consecutiva.
 
Desear unas felices fiestas navideñas, un prospero año nuevo y que el amor inunden los corazones de todos los lectores de este rinconcito.